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Equipar
hoy un salón, cuando se han modificado los hábitos
de consumo y reformulado los ejes de compra, cuando encontramos
"devaluado" el concepto y la imagen de los salones, cuando
casi nada queda del esplendor que supimos conseguir, cuando los
apremios económicos desviaron la cultura de lo estético
y la capacidad profesional a lo económico de un corte
demasido barato.
Cuando todavía no está muy claro si "crecer" es
tener más sucursales, una cadena o vender franquicias a los
inversores que brotan por todos lados. Cuando para la capacitación,
muchas veces, no queda ni tiempo, ni lugar... Es entonces cuando
tomar la decisión de cuál es el mejor equipamiento
para un salón, no es tarea fácil.
Equipar acertadamente un salón está muy ligado a haber
entendido el "idioma" del cual el peinador dispone para
decir quién es y qué sabe hacer, qué servicio
da y a qué público está dirigido. Debe ser
"la proyección de su imagen".
Conducen al malgasto de fondos tanto el equipar con lo más
caro, sofisticado o llamativo "porque sí", como
el que lo hace con lo más barato y simple, siempre y cuando
la determinación no está guiada por un estudio previo
que contemple: imagen, target y zona, entre
otras cosas.
Interpretar claramente estas variables y equilibrarlas en la inversión
total de capital es lo que genera la diferencia entre la instalación
de un "salón exitoso" con otro que no lo es.
Todos nosotros, quienes formamos parte de esta "comunidad estética",
tenemos una tarea con vistas a revalorizar el servicio y contribuir
a que el cliente recategorice socialmente la profesión. El
resultado económico será una consecuencia. El cliente
sabe lo que quiere y lo busca.
Manuel Horischnik
Liaison, representante de Maletti Group
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