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La atracción
que produce en muchas mujeres el rubio no siempre es acertada.
Imaginarse que se puede parecer a una star porque su cabellera
brille como la de Madonna o la de Marylin es algo que no
siempre es correcto.
Aconsejamos
a la mujer que antes de decidirse por usar colores rubios,
consulte con su estilista que le dirá exactamente
qué es lo que más le conviene.
Las
pieles pálidas, amarillentas, opacas, incrementan
estas características si el marco que las rodea –su
cabello- es rubio. El resultado final será una imagen
deslucida y, en algunos casos, avejentada.
En estos
caso –y aquí también hay que hacer mucho
hincapié en el maquillaje- lo que hay que buscar,
sobre todo, es realzar los colores, otorgarle vivacidad
al rostro e iluminación a la mirada.
Los
contrastes
Para
que la piel amarillenta luzca con una tonalidad más
sana, quedan muy bien los cabellos marrones o cobrizos.
Aquí, lo que se logra es que el contraste “aclare”
e ilumine la piel, permitiendo, así, que tanto los
ojos como los labios queden más en evidencia. Si
el cabello es más oscuro, la piel del rostro parece
más clara, y los rasgos surgen con más vivacidad
y alegría.
No por
esto, el cabello debe ser uniforme. Al contrario: mechas
claras sobre un tono amarronado, por ejemplo, contribuirá
a conseguir la luminosidad buscada.
Por
eso nuestra sugerencia es evitar la tentación de
los rubios (algo muy común en todo el mundo), y analizar,
primero, cuál es la tonalidad de nuestra piel y qué
queremos, en definitiva, lograr.
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