El proceso
de exfoliar la piel del cuerpo se realiza en forma natural
todos los días: el baño, el roce de la ropa,
de los objetos que nos tocan van eliminando células
viejas que están en la superficie de la capa córnea.
A medida
que pasan los años, este proceso disminuye, acumulándose
esas células muertas en distintas capas que van generando
arrugas y una piel opaca. Por esta razón, hay que ayudar
a eliminarlas con otros procedimientos de manera periódica.
Esta es
la función de la exfoliación, que hay que realizar
tanto en la piel del cuerpo como en la de la cara, y es muy
conveniente hacérsela una vez finalizado el período
estival.
De esta
manera, la piel se vuelve más suave y luminosa. No
es conveniente realizarla cuando la piel está irritada
o tiene alguna herida, porque sería contraproducente.
La exfoliación
se aplica con productos que contienen acción abrasiva,
como ser los alfa-hidroxiácidos o retinol; también,
un pulido suave de la piel se puede hacer con cremas pulidoras
que poseen partículas con efecto arenoso que va “limpiando”
en profundidad la piel. Como ésta no tiene el mismo
grosor y resistencia en todo el cuerpo, se recomienda usar
cremas más fuertes en lugares como rodillas,
codos y pies, y más suaves en senos, cuellos, contorno
de ojos, etc., para que no se irrite.
Este proceso
se puede hacer una vez a la semana, y se debe complementar
–esto es muy importante- con cremas y lociones hdiratantes,
para conservar el equilibrio hídrico de la piel y aprovechar
la penetración de productos una vez hecha la exfoliación.