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Dos edades contrapuestas
Luego de la caída
del Imperio Romando, comienzan dos períodos de la humanidad
importantísimos: la Edad Media, una era en la que las libertades
estaban muy controladas, y el Renacimiento, donde el hombre encontró
un espacio más abierto para pensar y crear sin tantas ataduras.
Son en si, dos épocas contrapuestas.
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En la Edad Media la mujer lucía
ornamentos muy austeros.
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Edad
Media
(del siglo V al siglo XV)
Esta
época nace cuando finaliza la larga dominación de
Roma sobre el mundo. La invasión de los bárbaros termina
con ese imperio que había dominado durante varios siglos
e impuesto su cultura a gran parte del mundo occidental y, al mismo
tiempo, el Cristianismo comienza a imponerse en los diferentes estados,
triunfando la austeridad por sobre los afeites y la coquetería
en sí.
Poco avanzó durante la
Edad Media lo que sería, luego, la poderosa industria de
la belleza. Como la actitud era muy recatada (es la época
de los cinturos de castidad, de las Cruzadas y los caballeros),
las mujeres se limitaban a usar sus cabellos con una sencilla raya
al medio, y con trenzas -muchas veces postizas- que rodeaban sus
cabezas. No se buscaba demasiado el cambio en el color del pelo
porque no era muy bien visto. Además, existía la costumbre
de usar túnicas que cubrieran totalmente la cabeza, lo que
también impidió un desarrollo considerable de la peluquería
en esa época. |

La Mona Lisa nos muestra la moda más sensual
que desplegó el Renacimiento. |
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Renacimiento
(del siglo XV hasta el siglo XVIII)
Como su nombre lo indica, en este
período renacen ciertas costumbres de la Edad Antigua,
y con ella ciertos gustos que eran muy afines a los griegos y
a los romanos, como era el culto a la belleza y el arreglo personal.
A diferencia de la Edad Media,
en el Renacimiento las cabelleras femeninas comienzan a ser el
centro de la creatividad de los peluqueros que "juegan" con ella
con peinados mucho más sofisticados y numerosos accesorios:
redecillas, coronas, trenzas postizas, joyas entrelazadas. También,
la cosmética facial toma un impulso importante, y son numerosas
las cremas y los ungüentos, muchos de los cuales son traídos
de países lejanos.
Por primera vez, se puede hablar
de una moda bastante extendida por Europa, y que es impuesta por
las venecianas: el gusto por el pelo rojo, se extiende sorprendentemente
fuera de Italia. Para conseguir ese tono se realizaban mezclas
de sulfuro negro, miel y alumbre. Luego, los cabellos eran expuestos
al sol para que actuara la mezcla sobre los mismos.
Pero no sólo se limitaron
a este color. La mujer ya podía elegir, según sus
gustos, entre otras tonalidades: el rubio ceniza, el "hilo de
oro" (uno de los más codiciados), y el azafrán.
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