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No le debe haber resultado muy difícil
al peluquero habitual del mítico actor norteamericano James
Stewart, peinarlo y dejarlo listo para la pantalla, ya que, prácticamente,
nunca cambió su look, salvo en casos en que el polvo del
camino de sus películas de vaqueros, le exigía cierto
descuido personal del cual él parecía tan alejado.
Stewart usaba pelo corto -aunque
no a la "americana", como se acostumbró a usar
después de la Segunda Guerra Mundial-, y fijador, que mantenía
en su lugar ese pelo tan lacio y brilloso que supo encandilar
a más de una admiradora.
En definitiva, fue el prototipo del
hombre prolijo, pulcro y, por sobre todo, ejemplo del norteamericano
que luchaba por sus ideales y que, por supuesto, siempre vencía.
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